Reseña de Los límites de la ciencia

Annette Mülberger (ed.) Los límites de la ciencia.  Espiritismo, hipnotismo y el estudio de los fenómenos paranormales (1850-1930). Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 2016. 346 págs. ISBN: 978-84-00-10053-7

 Virgili Ibarz (Univ. Ramon LLull)

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Ilustración de Rubén Gómez Soriano

 En 2014 se estrenó la película “Magia a la Luz de la Luna” de Woody Allen. En España se publicaron artículos en la prensa sobre Harry Houdini (1874-1926), el mago que desenmascaraba a los falsos videntes. De la mano de Houdini se publicaron dos libros: el clásico Cómo hacer bien el mal (Capitán Swing) y Traficantes de milagros y sus métodos (Nórdica Libros). En las aulas universitarias, los alumnos de medicina y psicología pudieron ver en directo las actuaciones de los magos. La neurocientíficos querían mostrar cómo la magia es una ciencia nacida del conocimiento del cerebro y sus limitaciones.

Al mismo tiempo, llegaban a las librerías obras como Los engaños de la mente (Destino), del matrimonio formado por los investigadores -y además miembros de la Academia de las Artes Mágicas de Hollywood- Stephen L. Macknik y Susana Martínez-Conde, ambos trabajaban en el Instituto Neurológico Barrow de Phoenix, o como Engañar a Houdini (Debate), del físico y mago estadounidense Alex Stone, que muestra su recorrido por el mundo de la magia, explica trucos y muestra cómo están relacionados con nuestra mente, la matemática o la física.

Por otra parte, con el apoyo de la Societat Catalana d’Història de la Ciència i la Tècnica y del CEHIC (Centre d’Història de la Ciència de la UAB) tuvo lugar en abril de 2013 un ciclo de conferencias en Barcelona sobre “El debate sobre los límites de la ciencia y el estudio de los fenómenos paranormales”, organizado por Annette Mülberger y Andrea Graus (Universiteit Antwerpen). Las conferencias fueron: “Espiritismo y parapsicología en los siglos XIX y XX” por Annette Mülberger; “Los prodigios del hombre encarnado” por Andrea Graus; Las estrategias de legitimación científica del hipnotismo en la España de finales del siglo XIX y comienzos del XX” por Ángel González de Pablo (Universidad Complutense de Madrid); “Voyances en Europe occidentale de la première guerre mondiale à la seconde” por Nicole Edelman (Université Paris Ouest Nanterre) y “La práctica de la metapsíquica en España: entre ciencia y religión”, por Mònica Balltondre.

Las conferencias permitían un turno de preguntas. El público asistente se mostró muy interesado y se pensó en hacer una obra colectiva sobre los límites del conocimiento científico. Los límites de la ciencia está estructurado en tres partes y se compone de un prólogo, una introducción, ocho capítulos, epílogo, apéndices, una copiosa bibliografía y un índice onomástico. Todos los autores han publicado trabajos sobre el espiritismo, hipnotismo y el estudio de los fenómenos paranormales.

La primera parte se compone de tres capítulos elaborados por Annette Mülberger. En el Capítulo I, “Los inicios del movimiento espiritista en el siglo XIX”, expone que el origen del movimiento espiritista se remonta a un episodio concreto ampliamente conocido: desde finales de 1847 se escucharon golpes (knockings o raps) en una casa en Hydesville (en el estado de Nueva York), que tenía fama de estar encantada. Hacia la mitad el siglo XIX el espiritismo empezó a expandirse con fuerza, tanto dentro como fuera de las fronteras norteamericanas. Destaca la importancia de Hippoliye Léon Denizard Rivail (1804-1869), un maestro de escuela que se convertiría en el líder espiritual del movimiento espiritista. Su obra Le livre des esprits consiste en la transcripción de los mensajes enviados desde el más allá mediante escritura automática. Fue publicada bajo el pseudónimo de Allan Kardec y se convirtíó en “la Biblia” del espiritismo.

En el Capítulo II, “El espiritismo llega a España: El choque con la Iglesia y el Primer Congreso Internacional”, Mülberger describe la ola de espiritismo que alcanzó a los hogares españoles, a través de mesas danzantes (turning tables) y los mensajes de ultratumba. Destaca el papel desempeñado por los líderes de la heterogeneidad: M. Sanz y Benito (1860-1911), A. Torres Solanot (1840-1902) y A. Domingo Soler (1835-1909) en la divulgación del espiritismo en España. Y analiza lo que representó el Primer Congreso Internacional Espiritista, celebrado en Barcelona en 1888, y el choque del espiritismo con la Iglesia.

En el Capítulo III, “La investigación de lo paranormal”, Mülberger analiza las diferentes líneas de investigación que trataban de explorar más a fondo los fenómenos espiritistas que desde el punto de vista científico eran considerados “extraordinarios” o “paranormales”. En la literatura anglosajona, estas investigaciones recibieron el nombre de “investigaciones psíquicas”, mientras que en le mundo latino de principios del siglo XX su denominación fue “metapsíquica”. Ahora utilizamos el término “parapsicología”.

Debemos destacar las investigaciones del prestigioso químico William Crookes (1823-1913), las teorías psicológicas de Henry Myers (1843-1901), Pierre Janet (1859-1947) y Charles Richet (1850-1935) acerca de los médiums, la mediumnidad y las materializaciones en el laboratorio del barón Von Schrenck-Notzing (1862-1929).

Andrea Graus, en el Capítulo IV “Ahuyentar los espíritus: El estudio científico de la mediumnidad“, afirma que los espiritistas estaban interesados en que las personas desarrollaran su mediumnidad, ya que sin comunicación con los espíritus no habría espiritismo. El interés de los científicos por los médiums se vio incentivado por dos motivos: la esperanza de hallar facultades extraordinarias y la convicción de que podría resultar un revulsivo para la ciencia. Graus analiza la investigación científica del espiritismo, y llega a la conclusión de que el espiritismo supuso un mayor apoyo para las investigaciones psíquicas que los círculos científicos, que se burlaron de estas investigaciones. Ramón y Cajal se interesó por el espiritismo y escribió un libro titulado “Ensayos sobre el hipnotismo, el espiritismo y la metapsíquica”, cuyo manuscrito se perdió durante la Guerra Civil.

Ángel González de Pablo, en el Capítulo V “Consolidar, colonizar, excluir: Estrategias de legitimación de la hipnosis médica”, expone que la legitimación científica del hipnotismo se llevó a cabo en Europa a partir de la década de 1880, aunque cada país tuvo sus singularidades. Desde 1882, el hipnotismo tuvo una progresiva presencia en la medicina y la sociedad española.

Para González de Pablo, desempeñaron un papel fundamental en la consolidación del hipnotismo en España las investigaciones de alienistas de primera fila, como Juan Giné y Partagás (1836-1902) y Luis Simarro (1851-1921), médicos con influyentes publicaciones sobre hipnotismo, como Adbón Sánchez Herrero (1851-1904) y científicos, como Ramón y Cajal.

Mònica Balltondre, en el Capítulo VI “La práctica de la Metapsíquica: Un marqués investigando la clarividencia”, precisa que ciencia metapsíquica es el nombre que toma la investigación de ciertos fenómenos paranormales en los años veinte y treinta en España y Francia. Analiza un caso muy interesante: el marqués de Santa Cara (1870-1940), aristócrata navarro afincado en Madrid, que se dedicó a estudiar en su casa experimentos mentales sobre telepatía y clarividencia. Publicó una monografía con el título Un tanteo en el misterio (ensayo experimental sobre la lucidez sonambúlica), sin fecha de edición, pero con sus referencias debió ser publicado en torno a 1924.

Balltondre hace un recorrido por el pensamiento filosófico y científico del finales del siglo XIX y principios del XX. Piensa que, además de postular el inconsciente como forma de lucidez, Santa Cara hizo también una lectura científico-técnica de la experiencia de los médiums. Se refirió a las visiones como transmisiones, radiaciones y sintonizaciones, un vocabulario que pertenece al campo de las ondas electromagnéticas. También habló de energía cerebral y del cerebro como productor y receptor de un tipo de ondas que se propagarían a través del espacio.

Nicole Edelman, en el Capítulo VII “Videncias en Europa Occidental”, dice que las creencias de la segunda mitad del siglo XIX seguían vivas a principios del siglo XX. Allan Kardec estableció la distinción entre el médium, una persona accesible a la influencia de los espíritus, y el sonámbulo, que actúa bajo la influencia de su propio espíritu, ve, entiende y percibe más allá del límite de los sentidos.

Para Edelman, Freud pensaba que, en algunos casos (como el de una adivina de Múnich), puede darse una transferencia del pensamiento a través de medios de comunicación que desconocemos. No obstante, añadió que si la predicción  tiene un valor, incluso cuando no se cumple, es porque expresa, como los sueños, la realización de un deseo. Por otro lado, Jung argumenta que un examen objetivo de las observaciones existentes ha de hacer constar que hay percepciones que tienen lugar, en parte, como si no existieran el tiempo y el espacio.

Michael D. Gordin (Princenton University), en el Capítulo VIII “Espiritismo ruso: Ciencia y conocimiento público”, se centra en un episodio clave de la historia del espiritismo ruso: la creación de una comisión científica para la investigación de los fenómenos mediúmnicos, establecida en 1875, y presionada por el profesor de San Petersburgo, Dimitri Ivanovich Mendeléyev (1834-1907), muy conocido por su formulación del sistema periódico de los elementos químicos. Debemos tener en cuenta que el espiritismo cuestionaba la propuesta de Mendeléyev para solucionar el problema de la autoridad científica en Rusia.

Gordin dice que al historiador le resulta difícil determinar si el espiritismo estuvo realmente en expansión en Rusia o fue reprimido de forma brutal por la Iglesia ortodoxa y la prensa. La comunidad científica, que en su mayor parte era hostil al espiritismo, permaneció en silencio. Mendeléyev se dedicó a desactivar los argumentos favorables al espiritismo. Los asesores espiritistas, que se sintieron traicionados por la disputa referente a los procedimientos y la controversia metodológica, retiraron su cooperación a la comisión científica.

Esta obra expone una historia apasionante. Annette Mülberger, en el “Epílogo”, afirma que historiar un proceso de este tipo resulta muy difícil. El pasado nos habla a través de la documentación, y en el espiritismo la esencia es la vivencia. Es una experiencia de la comunicación con el más allá. Aunque se han conservado muchos textos, no quedan rastros documentales de la mayoría de las sesiones privadas y de experiencias espiritistas.

Los límites de la ciencia finaliza con un “Apéndice” que incluye una definición de los conceptos utilizados en el empirismo, la investigación psíquica, la metapsíquica y la parapsicología, la “Bibliografía” y el “Índice Onomástico”. El libro tiene una edición muy cuidada.